El "Mediohombre" que humilló a la mayor flota jamás vista.

Hay batallas que cambian el curso de la historia y, sin embargo, caen en el olvido más injusto. Una de ellas tuvo lugar entre el 13 de marzo y el 20 de mayo de 1741 en Cartagena de Indias, donde un marino vasco, tuerto, cojo y manco, infligió a la Armada británica una de sus derrotas más humillantes. Su nombre: Blas de Lezo y Olavarrieta, nacido el 3 de febrero de 1689 en Pasajes de San Pedro (Guipúzcoa), un puerto marinero que hoy todavía recuerda a su hijo más ilustre .

Los orígenes de una guerra: la oreja de Jenkins

El conflicto que llevó a Inglaterra a movilizar su flota más colosal tiene un origen casi absurdo. En 1731, el capitán español Juan de León Fandiño interceptó al contrabandista inglés Robert Jenkins frente a las costas de Florida. Como escarmiento, le cortó una oreja y le dijo: "Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve". 

Jenkins conservó la oreja en un frasco y la exhibió en la Cámara de los Comunes en 1738. La oposición al primer ministro Walpole aprovechó el escándalo para presionar por la guerra. El 23 de octubre de 1739, Gran Bretaña declaró oficialmente la guerra a España . Pero la oreja de Jenkins no fue más que una excusa: el verdadero motivo era el control del comercio en el Caribe y el deseo de desmantelar el Imperio español en América.

El desafío de Vernon a Lezo

El almirante Edward Vernon, un oficial arrogante y vanidoso, comenzó su campaña tomando Portobelo (Panamá) en noviembre de 1739 con apenas seis navíos. La plaza estaba mal defendida y cayó sin resistencia. Vernon, henchido de orgullo, escribió a Blas de Lezo para humillarle y exigirle la entrega de los factores de la Compañía del Mar del Sur que estaban en Cartagena.

La respuesta de Lezo fue un corte de mangas en toda regla. El 24 de diciembre de 1739, desde su navío Conquistador, escribió:

"Si hubiera podido penetrar y creer que las represalias y hostilidades que V.E. intentaba practicar en esos mares hubieran llegado hasta insultar las plazas del Rey mi Amo, puedo asegurar a V.E. me hubiera hallado en Portovelo para impedírselo, y si las cosas hubieran ido a mi satisfacción, aún para buscarle en otra cualquiera parte, persuadiéndome que el ánimo que le faltó a los de Portovelo, me hubiera sobrado para contener su cobardía" .

Vernon, herido en su orgullo, convirtió a Lezo en su obsesión. Durante meses planeó el ataque definitivo y mandó acuñar medallas con la imagen del almirante español arrodillado entregándole la espada, bajo la leyenda: "The Spanish pride pulled down by Admiral Vernon" .

La flota más grande de la historia hasta Normandía

El 13 de marzo de 1741, el horizonte de Cartagena se llenó de velas. Vernon comandaba 186 barcos, incluyendo 51 buques de guerra, con más de 2.000 cañones, transportando 27.400 soldados británicos y jamaicanos, más 4.000 reclutas de Virginia al mando de Lawrence Washington (medio hermano del futuro presidente de EE.UU.) . Era la mayor flota anfibia jamás reunida hasta el Desembarco de Normandía .

Frente a esta mole, los defensores españoles apenas sumaban 3.000 soldados, 600 arqueros indígenas y 6 navíos de línea . El virrey Sebastián de Eslava era el jefe nominal, pero el verdadero genio táctico era Blas de Lezo.

La defensa de Bocachica y el repliegue estratégico

Vernon concentró el ataque en el Castillo de San Luis de Bocachica, defendido por el coronel Carlos Desnaux con 500 hombres. Durante 16 días y noches, los ingleses dispararon una media de 62 cañonazos por hora . La resistencia fue heroica, pero la superioridad numérica era abrumadora. Lezo ordenó el repliegue y, para cerrar el paso a la bahía, hizo barrenar e incendiar sus propios barcos .

El sacrificio naval fue una jugada maestra: aunque no logró bloquear completamente el canal, retrasó el avance inglés lo suficiente para que las enfermedades tropicales empezaran a diezmar a las tropas británicas .

El clímax: San Felipe de Barajas

Tras tomar Bocachica, Vernon desembarcó con sus tropas y bombardeó sin piedad el Castillo de San Felipe de Barajas. Los defensores, apenas 600 hombres bajo el mando de Lezo y Desnaux, se atrincheraron en la fortaleza .

La noche del 19 al 20 de abril, Vernon lanzó el asalto final. Tres columnas de granaderos avanzaron en la oscuridad, precedidas por esclavos macheteros jamaicanos. Pero Lezo había cavado un foso alrededor de la muralla que las escalas de asalto, mal calculadas, no podían salvar . Los atacantes, aturdidos y expuestos, fueron masacrados desde lo alto con fuego certero .

Al amanecer, Lezo ordenó una salida con la bayoneta calada. Los ingleses huyeron hacia el mar, abandonando pertrechos y cañones. Fue una derrota sangrienta: entre 8.000 y 11.000 muertos, 7.500 heridos, 1.500 cañones perdidos y 50 barcos abandonados . Los españoles perdieron apenas 800 hombres .

El desenlace y la traición de la memoria

Vernon se retiró el 20 de mayo de 1741. El rey Jorge II prohibió a sus historiadores escribir sobre la derrota . Las medallas conmemorativas acuñadas para celebrar la victoria fueron retiradas, aunque algunas sobreviven como testimonio de la soberbia británica .

Pero la gloria de Lezo también fue robada en casa. El virrey Eslava, en sus informes a la corte, se atribuyó todo el mérito de la defensa y minimizó el papel del marino . Lezo, enfermo de peste —probablemente contraída durante el asedio—, murió el 7 de septiembre de 1741 en Cartagena . Su cuerpo desapareció y nunca se supo dónde fue enterrado .

El rey Felipe V, engañado por Eslava, llegó a destituir a Lezo. Solo cuando llegó un informe del propio marino, ya fallecido, se restituyó su honor a título póstumo, concediendo el título de Marqués de Ovieco a su hijo mayor .

Un legado rescatado del olvido

La victoria de Cartagena de Indias aseguró el dominio español en el Caribe durante 60 años más . Los ingleses no volvieron a amenazar seriamente el Imperio español en América. La hegemonía naval española en el Atlántico se prolongó hasta el siglo XIX .

Hoy, Blas de Lezo es venerado en Colombia, donde su nombre es sinónimo de heroísmo . En España, sin embargo, su memoria ha sido injustamente silenciada. La Armada Española bautizó con su nombre a una fragata de la clase Álvaro de Bazán (F-103) , y en 2014 se levantó una estatua en Madrid que causó polémica entre los nacionalistas catalanes, que le reprochan su participación en el asedio de Barcelona durante la Guerra de Sucesión .

La deuda histórica de España con el "Mediohombre"

Blas de Lezo merece, por derecho propio, las más altas condecoraciones que el Reino de España pueda otorgar. Su gesta no es solo una hazaña militar: es un ejemplo de resistencia, lealtad y sacrificio en defensa del Imperio.

Pero la corona, en su momento, no tuvo la gallardía de reconocerle en vida. Así que, en justa reparación, convertimos sus proezas en blasones eternos: 

· El escudo del tuerto, que miró a la muerte de frente en veintidós batallas.

· La muleta de mando, que enderezó el rumbo de un continente.

· La mano única y firme, que calcinó la soberbia británica.

· La corona de espuma, que le regaló el mar Caribe por su victoria.

· El verbo inmortal: la frase que escupió a Vernon: "Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres" .

Don Blas de Lezo, el "Mediohombre", el genio incomprendido, el héroe cojo, tuerto y manco que humilló a la Armada Invencible de Inglaterra. Que su nombre y su hazaña no se pierdan nunca en el olvido.

Quien soy yo para dar consejos y cuando los doy nadie les hace caso.

Pero en particular voy a aconsejar lo siguiente:

Para culminar este homenaje y sellar la reivindicación histórica, es necesario elevar la petición con la solemnidad que merece la gesta de Don Blas de Lezo.

Proponemos formalmente a Su Majestad el Rey(1)  que, en restitución de la memoria del "Medio Hombre" —hijo del País Vasco al servicio de su Realeza—, se le impongan los siguientes blasones perpetuos, forjados en el acero de las Letras Hipnóticas:

Primer Blasón: La Mirada de la Invencible

Para condecorar su ojo perdido en combate. Este blasón representa la visión estratégica que, contra todo pronóstico, supo leer las debilidades de la mayor flota jamás reunida. Es la mirada que no necesita dos pupilas para ver la victoria, símbolo de la perspicacia que doblegó la soberbia inglesa.

Segundo Blasón: El Timón de la Muleta

Para honrar su pierna destrozada por el cañón enemigo. Este emblema convierte su cojera en el ancla firme de la defensa. Representa la capacidad de mantenerse en pie y gobernar el destino de un imperio desde la inmovilidad, demostrando que el mando no reside en la fuerza física, sino en la entereza del espíritu.

Tercer Blasón: La Mano del Imperio

Para inmortalizar su brazo inutilizado. Esta es la mano que, aunque perdida en el campo de batalla, sostuvo la espada de la hispanidad. Simboliza el sacrificio máximo y la entrega absoluta; es la garra del león que, aunque mutilada, sigue arañando la historia para inscribir en ella el nombre de Cartagena.

Cuarto Blasón: El Muro de Fuego y Mar

Para celebrar su genio táctico. Este es el blasón de la estrategia naval: el sacrificio de sus propios barcos para cerrar el paso al invasor. Representa la inteligencia militar que convierte la adversidad en fortaleza y el agua salada en tumba para el enemigo.

Quinto Blasón: El Verbo Inmortal

Para consagrar su respuesta al almirante Vernon. Es el blasón de su sentencia lapidaria: "Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres". Esta es la palabra que trasciende el tiempo y convierte la derrota ajena en leyenda propia.

De esta manera, Letras Hipnóticas propone que estos blasones no sean meras medallas, sino sellos eternos grabados en la memoria colectiva. Que ondeen en el viento de Cartagena de Indias y en los anales de la Armada, para que Don Blas de Lezo ocupe, al fin, el sitial de gloria que la historia negligente le escamoteó.

Y todo ello porque no me gustó la forma tan tramposa como Inglaterra le disque ganó a México el partido de cuartos de final el domingo pasado en el Estadio Azteca.

En ese partido vendido, tuvo por árbitro a la FIFA y necesito a Don Blas de capitán.

En fin voy con el (1):

Proponemos formalmente a Su Majestad el Rey(1) propuesta dominguera Su Majestad, porque así me las gasto yo solito, desde su humilde casa en un jacal Zapoteco de San Andrés, Huayapam. Que seguro a su Alteza le va a valer un comino, Pero pues ahí están las propuestas de Blazones para don Blas, que sin Leyenda Negra y a las netas, muy poca Justicia le han hecho en su Reino y en su País, el País Vasco

Sin el al nacionalismo Catalán no le conviene, una sola respuesta: Los hechos históricos se desplegaron en América y la gesta histórica tuvo lugar en Cartagena de indias hoy Colombia.

Es lo mismo cuando mis paisanos quitaron la estatua de Colón de la Glorieta de Colón en Paseo de la Reforma, en la gran ciudad de México.

Sirvió de algo?

Colón ahí sigue.

A Don Blas :

Lo quieren más en Colombia, en Cartagena de indias. Ahí les recomiendo el interior de la muralla o corralito, la Plaza del Reloj todas las noches. También los centros de diversión del barrio Chambacú, que mi Rey, ahí los visita cuando tenga chance. Hasta una rola muy movida existe al respecto: La cumbia de Chambacú.

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