La 46ª edición de FITUR (Feria Internacional de Turismo) ha vuelto a confirmar más que una tendencia: una declaración de fuerza y madurez del turismo mundial. Con más de 161 países representados, 10.000 empresas expositoras y previsiones que apuntan a más de 250.000 visitantes entre profesionales y público general, la feria consolidó en IFEMA Madrid su liderazgo como epicentro global del sector.
Un pulso global reafirmado
Desde su inauguración el pasado 21 de enero y hasta la jornada de cierre, FITUR 2026 se desenvolvió en un contexto de crecimiento continuado del turismo internacional, un sector que ha superado los 1.500 millones de viajeros el año pasado, según datos de organismos especializados. La participación internacional creció más de un 10 % respecto a ediciones previas, con la incorporación de 18 nuevos países y regiones, provenientes principalmente de África y Asia-Pacífico, que reflejan una diversificación geográfica en pleno auge.
Este despliegue —no sólo cuantitativo sino cualitativo— reafirma algo innegable: FITUR sigue siendo el gran foro mundial donde se negocia, se proyecta y se redefine el turismo del futuro. La apuesta por la tecnología, el conocimiento sectorial y experiencias inmersivas muestra un certamen que no es meramente una vitrina, sino un laboratorio de tendencias. Es la feria de la vanidades, si. Cada destino viene a presumir de los atractivos que tiene y trata de competir con medio mundo que se muestra al costado, pero eso, no quita que aparezca como una plataforma de emociones que enamoran a quienes tienen la inquietud de viajar.
Sombras en la inauguración: dolor y ausencia
Pero este año, FITUR 2026 no puede describirse sin mencionar la marca profunda que la tragedia ferroviaria de Adamuz dejó en la apertura del evento. La inauguración, presidida por los Reyes de España, estuvo precedida por un clima de luto oficial que permeó la ceremonia y en el que se guardó un emotivo minuto de silencio en memoria de las víctimas.
Sin embargo, la ausencia de representantes de Renfe en su propio stand, ni siquiera de personal de información o azafatas para explicar causas y medidas tras el accidente, fue objeto de crítica entre asistentes profesionales y periodistas: muchos opinaron que esta ausencia institucional, aunque se justificara por respeto a las víctimas, transmitió la impresión de una desconexión entre la empresa ferroviaria y el sector que acudía a debatir conectividad y movilidad, pilares esenciales del turismo. Este silencio corporativo fue una de las notas discordantes más comentadas en los pasillos.
Colas, seguridad y meteorología: el factor humano y climático
El primer día de apertura estuvo marcado por largas colas en los accesos, vistas que algunos sectores atribuyeron a la visita del Rey y las aumentadas medidas de seguridad adoptadas en respuesta al contexto de luto y preocupación social, pero coincidió en el peor momento: justo a la hora de la apertura, cuando cada expositor acudia a su stand. La persistente lluvia que azotó Madrid durante varias jornadas añadió un componente climatológico desfavorable, que muchos visitantes sintieron como un desafío adicional a la experiencia ferial.
A estas circunstancias se sumaron las demoras en el servicio AVE, con retrasos que superaron en ocasiones las dos horas, producto de las consecuencias logísticas tras el accidente ferroviario. Estas incidencias impactaron negativamente en la llegada de delegaciones y profesionales internacionales, generando frustración y replanteamientos sobre la resiliencia de las infraestructuras clave para el turismo.
Tecnología, diseño y espectáculo: los dos rostros de los pabellones
En contraste con las tensiones humanas y físicas del inicio, los pabellones de IFEMA brillaron con una intensidad visual y tecnológica impresionante. Los stands desafiaron los límites del diseño: estructuras imposibles, iluminación LED de última generación y pantallas gigantescas que contaban historias de destinos emergentes y consolidados por igual.
El Pabellón 12, dedicado íntegramente a las innovaciones tecnológicas del sector, fue uno de los espacios más visitados. Allí se reunieron empresas que abarcan desde software de gestión turística hasta soluciones hardware para experiencias inmersivas, realidad aumentada y sistemas de inteligencia turística aplicados a destinos urbanos y rurales. Este pabellón se constituyó en un símbolo de la ferocidad con que el turismo abraza la transformación digital.
Premios y reconocimiento: ¿objetivos o políticos?
Como siempre, la entrega de premios en FITUR generó debates. Aunque muchos galardones celebraron proyectos innovadores y campañas de promoción valiosas, hubo observadores que interpretaron ciertos reconocimientos como más alineados con criterios políticos que con méritos estrictamente técnicos o creativos. Este tipo de tensiones muestra que incluso en un evento tan consolidado, las valoraciones de excelencia siguen siendo subjetivas y, a veces, discutibles.
México como país invitado: una presencia omnipresente
En términos de impacto cultural y visual, la presencia de México como país socio de esta edición fue innegable y omnipresente. Desde folletos y banderolas hasta activaciones continuas y amenities tematizados, México permeó la feria con una narrativa coherente y ambiciosa, apoyada en cifras de crecimiento turístico superiores al 13 % en 2025 y con la intención de escalar su presencia global.
Este despliegue, seguido de cerca por delegaciones latinoamericanas y del Caribe, pone en perspectiva la competencia que ya se anticipa para Puerto Rico como país invitado en FITUR 2027, que seguramente tomará nota del enfoque y magnitud mexicana para intentar superarlo.
Conclusión: un FITUR de contrastes y proyección
FITUR 2026 fue una feria que confirmó la fortaleza estructural del turismo internacional y de Madrid como epicentro global del sector. Los números —participación récord, impacto económico estimado superior a 500 millones de euros y la diversidad de destinos y empresas presentes— refuerzan la idea de que la feria sigue siendo una plataforma irrenunciable para el diálogo, la innovación y la promoción global.
Pero también fue un FITUR inscrito en una humanidad herida: la sombra del accidente ferroviario, la ausencia de ciertos protagonistas institucionales y las dificultades logísticas recordaron que el turismo no se separa de la vida real y de sus fragilidades.
En ese equilibrio entre espectáculo, tecnología, dolor y crecimiento, FITUR 2026 no sólo reflejó el momento del turismo mundial, sino que proyectó desafíos y oportunidades que resonarán mucho más allá de las puertas de IFEMA.




