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La  Panamericana, el modesto mecánico y el Ferrari 375 Plus

El Milagro Mexicano. Cómo un rudimentario taller de carretera salva del fiasco al flamante Ferrari 375 Plus en la carrera Panamericana

 Carrera Panamericana. Desafío y Desesperación

En 1950, precursora de muchas otras aventuras que se vive hoy como el Paris-Dakar , por ejemplo, la Carrera Panamericana desafiaba a los valientes y a sus intrépidos vehículos. Entre ellos, el Ferrari 375 Plus, conducido por Umberto Maglioli , destacaba en la cuarta etapa y seguía como favorito de la carrera , hasta que la tragedia golpeó al imponente bólido: una fuga en el cárter amenazaba con poner fin al sueño de Ferrari.

"El Milagro" de Renato Martínez

En el medio de la nada, apareció "El Milagro", un taller mexicano dirigido por Renato Martínez. Sin piezas de repuesto, Renato desplegó su ingenio. Con jabón, Coca-Colas y determinación, ofreció una solución única. Mientras Maglioli bebía, Renato, con habilidad artesanal, usó el jabón para sellar la fuga. Un milagro mecánico que desafió todas las expectativas.

El Reconocimiento de Ferrari y la Carta de Enzo

El Ferrari 375 Plus, ahora impregnado del ingenio de Renato, continuó la carrera, cruzando la línea de meta en primer lugar. Este triunfo cambió el destino de Ferrari. Enzo Ferrari, impresionado y agradecido, envió una carta y una foto firmada a Renato, reconociendo el "Milagro Mexicano que ayudó a Ferrari". Una conexión entre dos mundos distantes forjada en una carretera perdida.

Así, en el rincón olvidado de "El Milagro", Renato Martínez se convirtió en el artífice e un episodio que fusionó la tenacidad mexicana con la elegancia italiana. Una historia que trasciende el tiempo, donde el ingenio de un mecánico solitario no solo salvó un coche, sino que también dio vida al mito de Ferrari en América.

Este relato, en sus palabras, revela la epopeya de "El Milagro Mexicano" que transformó una emergencia mecánica en un capítulo inmortal de la historia de Ferrari y en un vínculo indeleble entre Renato Martínez y Enzo Ferrari.

La Panamericana y las huellas de mi familia

En la carretera panamericana, el Ingenio Topógrafo, Gregorio URDIALES Zuazubiskar, realizó el trazo de Izúcar de Matamoros a Huajuapan de León, a Nochixtlan, Etla, Oaxaca y de aquí al Istmo de Tehuantepec hasta Tapachula, Chiapas, contribuyendo grandemente con el desarrollo de la región. De don Gregorio URDIALES ni quién se acuerde, pero yo -su nieto- si me acuerdo y hoy le brindo un merecido homenaje: gracias Ingeniero URDIALES, ¡ayudaste a comunicar todo el estado en dónde me tocó nacer, y ayudaste a forjar un Oaxaca que no existía!

La carretera panamericana es un proyecto titánico, el ingeniero URDIALES Zuazubiskar aportó un granito de arena, con gran talento y devoción por el deber, sin más ayuda que una cuadrilla de peones, un teodolito , chalán de planos y 5 mulas. No me puedo imaginar cuántas personas en 80 años han recorrido la panamericana istmo- Oaxaca y al revés. Gracias viejo.

Unos años después, fue jefe de cuadrillas don Eleuterio Vásquez Ramirez, quien bajo su mando tuvo hasta 100 hombres, natural americano, hijo de Santiago Apóstol, Ocotlán, buen hombre, al mando de maquinaria y bestias fue el encargado de los explosivos que abrieron la panamericana. Un dato curioso es que llevó a su familia por varios poblados del trazo, viviendo como ermitaños, dejó 5 años de su vida personal y familiar en la abrupta serranía, al final, en los 80s fue representante en la Junta local de conciliación, inspector del trabajo, dónde se jubiló; después de la panamericana se adentró en las entrañas de los Estados Unidos, en dónde trabajo 26 años, ahí vivió la Segunda guerra mundial y con los aliados vio ir y venir muchachos americanos, ir en uniforme y regresar en estuche, murió siendo Diácono de la iglesia católica en 1994. Aún su trabajo esmerado en la Panamericana no conoció nunca al ingeniero Gregorio, hasta muchos años después cuando el destino tocó las puertas familiares de ambos bandos. Don Eleuterio Vásquez, fuerte superintendente de caminos en la panamericana, es padre de mi padre Alfredo. Uno la trazó y otro la construyó. ¿Que cosas no? Foto  : Unplash

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