Franklin Delano Roosevelt, ante el Congreso de Estados Unidos en diciembre de 1941, definió cuatro "libertades básicas" como "derechos inalienables" de todas las personas: la libertad de expresión, la libertad de culto, la libertad para vivir sin miseria y la libertad para vivir sin temor. Ni una de estas cuatro libertades es respetada en los países gobernados por "autócratas".

Estos "derechos inalienables" del ser humano, fueron proclamados en la "Primer Enmienda", de las diez que se agregaron a la "Carta de los Derechos Constitucionales", el 15 de diciembre de 1791, propuesta originalmente como una medida para calmar a la oposición anti federalista para la ratificación de la Constitución.

Estamos ante una lucha que lleva más de 230 años, en los que han perdido la vida millones de héroes anónimos, los que sin duda no han logrado penetrar la mente de los autócratas, que siguen empecinados en coartar y destruir el derecho del ser humano de vivir en libertad.

Es apabullante lo que está sucediendo -con la honrosa excepción de Costa Rica y Uruguay- en Latinoamérica, donde cada país lucha por no caer en el despeñadero político, donde los derechos humanos son ignorados y la corrupción un modus vivendi.

No debe causarnos sorpresa este fenómeno, ya que la culpa no es la falta de educación, ni de la miseria y mucho menos de la discriminación, ya qué hay países donde ninguno de estos factores son un problema y han caído en las garras del "mandamás", del "indispensable".

Conversando con un amigo sobre la situación de nuestras Américas, me recordó la frase del Libertador, Simón Bolívar: "He arado en el mar". Epílogo o balance de su tarea libertadora de los pueblos americanos; fruto de la decepción que sentía al ver que su gesta había derivado en numerosas luchas intestinas por el poder, causantes de enfrentamientos entre los pueblos.

Lamentablemente no estaba equivocado, pues no solo "aro en el mar", sino que su nombre, su efigie y su lucha han sido prostituidas por populistas que utilizan su gesta tratando destruir los ideales de esos héroes que le acompañaron y murieron en vano.

¿Qué nos está pasando? Hemos mencionado mucho el "yoquepierdismo" como factor que han contribuido al fenómeno, pero hay otros también importantes que ejercen gran influencia, siendo el segundo, la "falta de visión" de las fuerzas vivas, quienes actúan sin preocuparse por los problemas elementales, y de velar por el bienestar de los pueblos sin guía y sin norte.

Los que controlan y promueven la actividad y la prosperidad de un país, en su mayoría, han pasado por los mejores centros de preparación académica, donde se enseñan las bondades del capitalismo constructivo, pero al regresar a sus países, los venda el falso sentido de superioridad social, estropeando la productividad y con ello, su economía.

Lo anterior deja al pueblo abandonado a los abusos del agiotista y del político perverso, al que le abarrotan sus mentes con falsas promesas, que unidas a la realidad de su lucha por subsistir, le crean confusión, que muta en odio de clases.

He ahí el meollo que está destruyendo las esperanzas en un mejor mundo, donde el trabajo es uno de los derechos que mencionaba Roosevelt en 1941, ya que "el trabajo en libertad" elimina la miseria, el temor y la incertidumbre.

Nuestras Américas no pueden competir sin que los responsables y guardianes de sus riquezas despierten, y unidos a ese pueblo, honesto y trabajador, pongan en práctica los principios democráticos que se necesitan para triunfar en un mundo, cada vez más competitivo, menos equitativo.

Hay que combatir la corrupción, incentivar la responsabilidad cívica y unir valores para afianzar los derechos inalienables de los pueblos, sin temor y en libertad. Solo se logrará con lideres responsables, que honren a sus libertadores y juren ante Dios, a no seguir "arando en el mar". Darío, el poeta visionario, nos lo previó con su ¡Juventud (sinónimo de LIBERTAD), divino tesoro, ya te vas para no volver! ¡Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer!