El lugar es una mezcla de los elementos clásicos del palacio de un cuento y los de una casa llena de obras de arte dignas de exposición en el mejor museo de cualquier parte del mundo. Sin embargo, las estancias del Palacio de Liria guardan millones de secretos en su interior. 

Casi a un kilómetro de la Puerta del Sol, en lo que antes eran las afueras de la ciudad, se construyó el Palacio de Liria en el siglo XVIII, que es hoy uno de los jardines privados más grandes del centro histórico de Madrid. 

Solo basta verlo desde afuera para poder apreciar su parte delantera, pero el jardín trasero es una joya de la realeza que solo es visitada por la familia real y sus invitados. Es un lugar que fue diseñado para disfrutarse desde lo alto, tiene un estilo barroco y un jardín lleno de flores y helechos que se adorna con una gran fuente, pero este mágico lugar no hace parte de la ruta de los turistas. 

En este lugar se encuentra el retrato de Goya de la Duquesa de Alba, vestida de blanco y fajín rojo con un perrito a sus pies. Sin embargo, esta no es la única obra que se puede apreciar en este lugar, allí también podemos encontrar Felipe V imponiendo el Toisón de Oro al duque de Berwick, la única obra de Auguste-Dominique Ingres que puede ser apreciada en España, obra que data de 1818. 

El lugar está adornado con cientos de joyas, cajas, figuras y marcos en miniatura.  Hay una gran cantidad de estas ubicadas y colgadas sobre las paredes y mesas que sin duda es imposible no fijar la atención en alguna de ellas y por ende quedar admirado de los mínimos detalles que allí se representan, en su mayoría de escuelas italianas y francesas.

La biblioteca verde es sin duda otro de los lugares que dejará a los visitantes con la boca abierta, allí los libros están ubicados por tamaño, sin embargo, las verdaderas joyas de la literatura se encuentran en las vitrinas como la firma de Cristóbal Colón y quienes lo acompañaron en su primer viaje.

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La familia de Alba son los propietarios de la mayor cantidad de cartas escritas por Colón, pero no solo por él, también hay algunas curiosidades como las de Alejandro Dumas quien expresaba su amor a Eugenia de Montijo.

Sin embargo no todo lo que se encuentra dentro de este lugar  es de ver y no tocar. Al ser una vivienda habitada, hay espacios que se mantienen vivos. Por ejemplo, el comedor de la planta alta que tiene vistas al jardín trasero es utilizado a diario cuando el duque se encuentra en Madrid, pero no por esto se mantiene oculto ante el público. No es posible sentarse en aquel lugar, sin embargo, imaginar cómo sería estar sentado en una mesa rodeada de tapices de Gobelinos que datan de 1789 inspirados en la flora y fauna de los lugares menos imaginados del mundo, es algo que puede hacer cualquiera que visite el Palacio.