Un pueblecito de  medio centenar  de habitantes, a la entrada del  Pirineo catalán, organiza  una feria  medieval  emulando  la vida  de la   Edad   Media.

Los pueblos pequeños los hacen grandes sus ciudadanos. Es el caso de este pueblecito de la comarca del Pallars Jussá , encabezada por la capital, Tremp, y proveedora de servicios, industria y comercios a todo el conjunto de no mas de 12.000 almas y los que quieran llegar. Palau de Noguera cuenta con apenas  medio centenar de vecinos. Como la mayor parte de los pueblos de España, a partir de los años sesenta, inició una égida de gente joven hacia las grandes ciudades, básicamente Lérida, capital de la provincia, y Barcelona, que reclamaba gente para su pujante despegue, unos a estudiar y buscarse un futuro que lo veían negro en el pueblo y otros a trabajar porque los emolumentos del pueblo no daban para más.

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El pueblo forma un conjunto abigarrado de menos de cien casas, todas de piedra, unas con actividad permanente y otras cerradas, con nostálgica quietud de ver que un día vuelvan a ver abrirse sus ventanas. Aun así, esperan la visita de sus amos que se fueron en su día y vuelven, como las cigüeñas, de ven en cuando asegurando su ascendencia que la suelen retomarla las generaciones vinientes, muchachos que siguen el testigo de los que fueron y ya no son, pero que han dejado un rescoldo de lo que fue el pueblo y de los valores que les infundió.
Sea como fuere, los que salieron en su día, bien por su propia decisión o bien por la anegación de los padres para darle estudios y poder prosperar, han propiciado un elenco de profesionales bien preparados que hoy ocupan cargos importantes en las actividades económicas como médicos, ingenieros, cargos altos y medios en la Administración , técnicos en las empresas o empresarios que han puesto en valor su propio talento y ostentan un rango destacado en la actividad correspondiente. El pueblo en sí, tiene hoy una red de satélites profesionales repartidos por el mundo que son buenos embajadores de la cultura tradicional del territorio. Se da la circunstancia que todos estos desplazados vuelven al lugar de origen varias veces al año, especialmente en fechas señaladas, y retoman la cultura y tradiciones que vivieron en su tiempo.

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Por eso, el pueblo recobra su esplendor y sigue conservando su origen primigenio. Hay algunos hitos que son netamente referentes de la cultura secular como el baile del “contrapás” que es uno de los atractivos de las Fiesta Mayor de agosto y que la gente joven se ha encargo de continuar, un baile en círculo que combina los pasos con la estética de sus integrantes y la música de la flauta y el repicar del tamboril.
Gracias al posicionamiento económico de los en su día se fueron y el amor a la tierra, el pueblo se conserva dignamente. Las casas siguen en pie y se remodelan y actualizan, aunque sus moradores las visiten de cuando en cuando, pero siguen siendo el referente familiar, porque al fin y al cabo solo han mediado un par de generaciones, un lapso de tiempo no definitivo para que el recuerdo perviva. La morfología del pueblo, casas unidas en tres si, estrechas calles, pocas plazas y todo concentrado en una extensión similar a un campo de futbol hace que los vecinos convivan voluntaria o involuntariamente. Si en los pueblos se sabe la vida de cada uno, en éste incluso se recita.collage Palau 1 1
Lo más llamativo del pueblo es su desaforada actividad, medio centenar de vecinos inquietos que no paran de organizar saraos. Cualquier excusa es buena para celebrar una efemérides. Els Sopar son el perejil recurrente para propiciar un encuentro y organizan, con un pretexto u otro, varios al año, llenando la plaza, y logran concitar a tantos comensales de fuera como son los de dentro. Unas veces , cada uno aporta lo suyo, otras , hacen caja común y recurren a los alimentos tradicionales de la tierra: butifarra, setas, cordero o incluso paella, y, siempre la variada y peculiar repostería, lo mejor de cada casa.

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Como en todo, el éxito no suele ser resultado de la improvisación. Este pueblo, con su derrotero propio, vive organizado. Por un lado, los payeses, principal ocupación del pueblo, organizaron su cooperativa propia, nada de mezclar lo de cada uno  con los  otros, no; eso ha sido el quebranto de muchas organizaciones por el conjunto de España. Aquí cada uno conserva lo propio y se juntan para lo que excede de su esfera individual: los cereales, los abonos, los insecticidas …y algunas cosas más y para eso sirve la cooperativa: compra conjunta de esos bienes a un precio más económico por volumen. Por eso, tampoco da lugar a discusión. Cada uno compra y paga lo que consume y las cuentas claras. La guinda del pastel de esta cooperativa fue instalar una gasolinera al lado de la carretea. Nadie daba un duro por esta iniciativa en un pueblo de  menos  de cien habitantes y parecía estar llamada al fracaso. La sorpresa fue que, desde el primer día, robó la clientela a las gasolineras de la comarca y hacia que los conductores vinieran desde varios kilómetros a llenar sus depósitos y dejaran flamantes sus vehículos en las cabinas de lavado al aprecio de un euro. Esta gente no estudió marketing, pero dio sopa con ondas a cualquier licenciado. Hoy han logrado que una gran superficie se interese por la instalación y la gestiona mediante un canon. Misión cumplida

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Por otro lado, para la organización civil y básicamente con el ímpetu de las mujeres, crearon una Asociación que alambica todas las inquietudes y le sirve de palanca para la organización y realización de actos, actividades, encuentros y festejos. Una vez más, se muestra como la organización política/administrativa no tiene por qué coincidir con los designios de un pueblo y éste opta por tomar su vida propia  que  se  ajusta más a la realidad.
Como en toda organización humana, siempre hay personas que se convierten en motores de tracción y ponen en danza toda la fuerza colectiva. Cada uno tiene su sitio en la vida. Aquí el pueblo que va “a una” tiene dos arietes que empujan con solvencia la comunidad: Montse, principal artífice   de esta gesta,  que interpreta la historia del pueblo e instruye a todos los vecinos del valor que ha significado la Vila durante casi diez siglos, un retrovisor que sirve para enfocar el pueblo hacia el futuro,  y muy  acorde con su función de profesora, y Teresa que socorre todos los aconteceres del día a día para que su conciudadanos tengan una vida más fácil e,  incluso se cuida de las cosas de Dios llevando todos los servicios de la iglesia parroquial. Si no hubiera capellán o si un día falta, ella tendría que ser la subtitula. Ambas cuentan con su guardia pretoriana para ejecutar cualquier programa que pongan en acción. Ninguna tiene pretensiones que no sean otras que el bien común, el avance y bienestar del pueblo, la tradición y valores que han imperado siempre, el funcionamiento perfecto de todos los servicios. Aquí las medallas se repartencollage Palau 4
El WhatsApp, el nuevo diario de avisos
A falta de alguacil, el WhatsApp se ha convertido en el diario de avisos. Incluso la gente mayor, que difícilmente se defiende en las nuevas tecnologías, se ha apunta al WhatsApp si no quiere perderse las Últimas noticias. Lo que no está en el WhatsApp no existe y, por el contrario, esta herramienta es el nuevo creador de opinión de todo el pueblo. Al toque de las campanas le ha superado el internet. Gratifica ver que, a diferencia de la mayor parte de los mortales que tiene en esta App un medio de chafardeo, aquí se valúa como un instrumento útil. Por aquí llega la información instantemente a todos para avisarles de un corte de luz para una reparación urgente, el extravió de un animal, la disposición de un objeto que alguien lo desecha y puede servir a otro, o el aviso de un payo que anda merodeando por el pueblo y que huele a sospechoso, el calendario de fiestas…. Pero, además muestra el sentimiento de una comunidad que vela y cuidad de cada una de las almas cuando alerta que al Jaume, a la Maria o cualquiera de toda esta colmena no se le ha visto en dos o tres días como si temieran que ha podido ser objeto de alguna enfermada o indisposición. Eso, diferencia a los pueblos con sentimiento de los que solo tiene aritmética. En un pueblo donde pasan pocas cosas, los pequeños detalles son esenciales Y por eso, quienes los propician son dignos de un premio.

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La última gesta
Un pueblo pequeño no tiene por qué ser insignificante y, por eso, sus habitantes han decidido reivindicar su historia. La edad media pobló  toda la comarca de castillos, fortalezas y conventos donde condes y órdenes religiosas o militares sentaron sus reales. Palau de Noguera forma parte de ese proceso y, si uno transita por sus calles, enseguida percibe testimonios de esa época. Primero la Vila está levantada en un promontorio que en su tiempo daba garantías defensivas y, segundo hoy están en pie tanto la iglesia con su torre campanario que era un vigía que oteaba el horizonte como casas y fortaleza que muestran en sus fachadas blasones y escudos de sus antepasados: la rectoría, un palacio donde probablemente vivía el comendador o los propios frailes… hoy han pasado a ser “casa Francho”, “casa n Artal”, casa Cirildo”, etc. Probablemente, su asentamiento se debe a su situación geográfica de privilegio: desde la colina se controlaba todo el paso de caminos que corrían paralelos al rio Noguera y que venían de la Conca de Dellá. Por eso Palau se convirtió en una plaza de especial interés para la defensa del territorio.collage Palau 6 1
Los inicios de Palau hay que situarlo allá por el 1100 donde aparece un testimonio de una donación de tierras hecha por el conde de Pallars Jussá Pedro Ramón I al Monasterio de Santa María de Mur. Inicialmente, fue palacio de los condes de Pallars, el conde Arnal Mir de Pallars Jussà y su esposa Òria, que dieron el lugar a la orden del Hospital, con el fin de repoblarlo y cuidarlo.
Desde esas fechas, Palau quedó vinculado tanto al monasterio de Mur como al señorío de Susterris, en la ribera del mismo rio, cinco o seis kilómetros más arriba que se ha conservado parcialmente y que ahora el pantano de Sant Antoni lo sepultó bajo sus aguas y que ostentaba la sede de la comanda Pallaresa.
La repoblación, el cultivo de las tierras y las ansias de los poderes nobiliarios originaron un trasiego constate de amos y señores de la vila y de la comarca pero finalmente los hospitalarios - La Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta, más conocida como la Orden de Malta, es una orden religiosa católica fundada en Jerusalén en el siglo XI en el marco de las Cruzadas y desde un principio, junto a su actividad hospitalaria, desarrolló acciones militares contra los ejércitos musulmanes (inicialmente árabes, y más tarde también turcos - instalaron en Palau de Noguera la sede de la encomienda pallaresa de la orden del Hospital. Este dominio de los hospitalarios perduró hasta el siglo XIX, con la liquidación de los antiguos señoríos. “A lo largo de todos estos años, el rey mantuvo en Palau de Noguera una parte de la jurisdicción y, por tanto, de las rentas que se generaban” dicen las crónicascollage Palau 7 1
Con ese bagaje patrimonial y cultural los palagüeros se dispusieron a celebrar una fiesta/feria que reivindicara su ancestro y pusiera en valor los atractivos del territorio para conocer quienes eran los caballeros de Malta y el legado que han dejado en el Pallars del que Palau constituye una pequeña parte.
La organización de la feria medieval ha servido para mostrar como vivían hace 80 años atrás, porque en España la hoz y el arado no cambió nada en 20 siglos y, por extensión como era la vida del pueblo en la Edad Media, donde además del regocijo de la población en fechas muy señalas y la exaltación de alguna fiesta patronal, el día a día era el trabajo duro y rudo en el campo, el cuidado y la atención del ganado, el manteamiento del hogar, el aprovisionamiento de leña y agua, la recuperación constante de los caminos… y el trasiego del vino que no faltaba en ninguna casa. El codiciado liquido no solo era una bebida sino un alimento que aportaba calorías para aguantar el frio y consolar las largas noches de invierno. Prueba de ello es que, la práctica totalidad de las casas, posee, todavía hoy, un inmenso celler que ocupa todo el subsuelo de la superficie de la vivienda. El seller servia de bodega y de despensa por su temperatura constante y por el resguardo que suponía del acceso de extraños.

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Precisamente, Els cellers han sido la estrella de la fira. Durante todo un día los propietarios los han abierto al público y centenares de personas han contemplado la grandeza de estas zonas frescas y recoletas que guardan, algunas todavía el vino pero , sobre todo, los utensilios que se empleaban en lo concerniente al vino desde los aperos de labranza hasta las prensas, barricas de madera y enormes tinajas de barro cocido que, a falta de frigorífico, eran las responsables de conservar los alimentos de año en año con la apoca ayuda de los condimentos naturales – y sabios- que administraban sus dueños. A pesar de que conservan su estructura original, la  mayoría  de  las  familias las han adecentado y lconvertido en santa sanctórum de los ágapes familiares o farras con amigos y allegados. En el recorrido los visitantes pudieron entrar a Casa Cándido, Casa Magdalena,, Casa Peretó, casa n´Artal, Casa Rafaelo, Casa Valenti, cal la Reina o cal Cirildo. Aunque en época remota había una gran extensión de viñas en la zona, hoy solo es testimonial, pero eso no quita que  cada cual se las arregle para elaborar su propio vino de mesa y la mistela, vino dulce que marida tanto con los dulces como con un buen guisado.collage Palau 8 1
Pero, para ambientar el pueblo en  un dia  tan festivo, los organizadores trataron de concentrar otras actividades desde un almuerzo popular a base de torradas con longaniza y arengada regados con el vino de la Conca, como representaciones acordes con los acontecimientos de los nobles o prebostes como la visita teatralizada del Comendador de Susterris, sede de la Comanda pallaresa, al prior de Palau que acontecía allá por el año 1703. Y para que la historia siga viva en las mentes de los pallareses, una charla sobre los caballeros malteses en el foro de la iglesia parroquial de San Juan Bautista que, aunque la actual es barroca, sus primeras piedras seguramente las colocaron ellos como inicio de la comanda de Palau, aforo que se quedó pequeño para tanto concurrente. Coches y coches ocuparon los espacios libres del pueblo desde las explanadas y plazas hasta el campo de futbol. La mayor parte del pueblo se vistió de la época, ellas con los trajes bordados y coloristas, ellos con el atuendo labriego de día de guardar.
En las plazas y calles principales, por otro lado, se exponían, en pequeño y amable formato, los productos de proximidad como los embutidos, el queso, el vino, las pastas y dulces o la artesanía que aun sigue viva. Y para amenizar todo, la música acorde como coro del góspel, canción popular, versiones actualizadas o castelletscollage Palau 9 1
Si no fuera por la inquietud del pueblo, Palau de Noguera pasaría desapercibido y los vestigios bien claros y manifiestos perderían el sentido de la historia tan entrañable y trascendental de aquel momento que duró siglos. El tesón de los vecinos ha reivindicado el carácter de la Villa hospitalera y la ha reinventado tal como fue en su tiempo. Programar, organizar y gestionar una actividad de este género significa un gran esfuerzo para un pueblo insignificante. El valor por eso está en la unidad del pueblo, en el afán de perseverar, en el orgullo colectivo e individual de que un acto social de estas características no tiene precio. Ya están pensando que la próxima vez será aún más grande. Soñar no tiene límites y el cielo es asequible.